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“Quien dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar a los demás”

Madre Teresa de Calcuta

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Antes de llegar a Canadá, la única cultura que yo conocía era la latinoamericana y más específicamente, la de algunos países de Centro América y Sur América. Y no es que la conociera profundamente, pero al menos tuve algún trato con personas de diversos países.

Puedo decir casi con seguridad, que todas las personas que conocí, incluyéndome yo, teníamos en nuestros hogares una o varias empleadas domésticas, que convivían con nosotros; pero a quiénes nos habían enseñado nuestros ancestros a tratar como personas diferentes, aunque es doloroso reconocerlo, era o es una forma de discriminación. Voy a hablar en pasado, pues para mí eso es.

Por ejemplo: no se les permitía compartir el comedor, tenían asignados cubiertos y platos para ellas, sus días para salir eran limitados, trabajaban más de 8 horas diarias, y, el tema que quiero tocar es algo que algunas personas todavía practican aquí, la forma de tratar y llamar a sus “patrones”.

He observado que hay personas que al comunicarse con otros, se refieren a ellos mismos y a sus cónyuges como el Señor fulano de tal. Por ejemplo: al hacer una llama telefónica dicen “Aquí llama la Señora María, la esposa del Señor Rafael” o si son de diferente país, habla la esposa de Don Rafael y el Don Rafael, se refiere a su esposa como Doña María o la Niña María.

La verdad es que eso no es más que una extensión de las costumbres que por muchos años ellos han mantenido en sus países de los que son oriundos, que en cierta forma, no nos afecta profundamente y es un trato que podemos sobrevivir sin sentirnos ofendidos.

Pero, por otro lado, no hay nada más agotador y frustrante que tener que escuchar a una persona que pasa horas hablando y maldiciendo a otros, sin cambiar el tema, día tras día, mes tras mes y hasta año tras año.

Muchas veces es mejor alejarnos que intentar comprender a estas personas que dedican todo su tiempo a criticar y a vivir en un pasado que dejó de existir hace mucho tiempo.

Aunque el objetivo se quiera disfrazar, siempre será el de sembrar la cizaña, hacer daño y tratar de opacar las acciones de sus víctimas. Esta es una manera pobre de cubrir su baja autoestima, pues no logran aceptar su propio proceder y menos el de los demás.

Lo más sano sería no darle importancia a lo que los demás dicen de nosotros, pues sus palabras obedecen a una realidad ilusoria que su mente ha creado con el afán de demostrar que lo saben todo. Pero una cosa es segura, lo que logran esta clase de personas es causar un daño emocional y mientras más cercano sea el vínculo de amistad o familiar, es más difícil para el criticado, perdonar la ofensa.

Aunque mi intención era hablar del “Día del Padre”, mi mente y mis dedos decidieron algo diferente, no por eso dejo de saludar a todos los papás y papacitos que un día serán padres, deseándoles todo lo mejor y felicitarlos por tan hermosa labor de criar y querer a sus hijos.

¡Felicidades!

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