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El Cargo de Conciencia


Esta expresión tan particular y en cierta forma tan distante en el tiempo para su comprensión actual, era muy común escucharla en la época de nuestra niñez, cuando nuestros padres y abuelos conversaban de actitudes injustas entre las personas o hechos violentos que sucedían en el pueblo y donde siempre había víctimas directas o indirectas a causa de esos hechos; en donde, en muchos de los casos, eran niños los afectados, especialmente en los casos de violencia familiar, derivado la mayoría de las veces, por el flagelo del alcoholismo, y ante estas dolorosas realidades cotidianas nuestros abuelos expresaban su preocupación en sus conversaciones y comentarios y casi siempre terminaba la impotencia que sentían ante estos hechos injustos al preguntarse, ¿pero estos ingratos no sentirán ningún “cargo de conciencia” por el dolor que causan a sus propias familias?

Así fuimos creciendo, oyendo y aprendiendo, que cuando se actúa deliberadamente, con la intención de hacer daño o causar algún dolor físico o moral al prójimo -cercano o distante- siempre habrá una “vocecita interior” que nos estará inquietando, es decir robándonos la paz, al recordarnos que, “eso” que hemos hecho a esa persona, a ese niño, a esa familia, les ha causado un gran daño, los ha lastimado mucho, tanto así, que muchas veces dejan huellas y marcas para toda la vida y que si queremos sentirnos en paz, nuestra obligación es acercarnos a la persona con la mayor sinceridad y humildad de nuestra parte, para pedir perdón y una disculpa, ofreciendo nuestra mejor intención para reparar el daño, que pudo haber lastimado su vida, sus relaciones y su futuro.

Recuerdo que ante los hechos de aquellos años, muchas veces, la o las personas que habían provocado la separación o la desintegración de una familia, o habían dañado la dignidad de una persona en particular e incluso en casos más graves, el “cargo de conciencia” fue tan fuerte que los llevó a pedir perdón o a desmentir públicamente todo lo dicho o hecho en contra de personas o familias en particular. Supieron poner oídos a “esa vocecita” que no los dejaba vivir en paz.

Hoy pasado el tiempo y ante el nuevo estilo de vida de la sociedad actual, pareciera que todos aquellos principios de “moral” que solo conducían al respeto mutuo y a la convivencia más fraterna, han pasado de moda.

A pesar de los años del mundo, la sociedad no ha querido entender que esa “vocecita” que inquieta nuestro interior, que nos sacude y nos roba la paz, cuando consciente o inconscientemente ofendemos o lastimamos a un hermano, a una familia, a una comunidad, a un pueblo o, a una nación, es “LA VOZ DE DIOS”, que nos pide, nos llama, nos invita permanentemente, al arrepentimiento y a un re-encuentro que nos llene de paz y de armonía.

Por el contrario, a estas alturas del siglo veintiuno, la sociedad se está desbocando, es decir, se está yendo de bruces al precipicio de la indiferencia y en consecuencia cayendo en el abuso, que desemboca en la falta valores y en el irrespeto a los pocos valores que vayan quedando, lo cual conduce a la eliminación total de la poca moral que aún lucha por mantenerse a flote.

Tristemente toda esta herencia de falta de valores, se la estamos dejando a nuestros nietos y sus futuras generaciones, que van a crecer y multiplicarse en una sociedad podrida donde todos los antivalores serán la base de su desarrollo y crecimiento y me pregunto ¿cuál desarrollo?, ¿cuál crecimiento?

· El Aborto.

· La Drogadicción.

· El Crimen Organizado.

· La Política como negocio y no como vocación e instrumento de desarrollo.

· La Eutanasia, como expresión de desprecio a la persona humana.

· EL Expansionismo Territorial, instrumento de dominación de los países poderosos a los pueblos tercermundistas.

· La Corrupción descarada de los políticos a nivel mundial y su inmunidad para evitar la justicia, confrontada su desfachatez en la aplicación de todo el peso de la ley, para el que roba un pan para satisfacer su hambre.

· Las expresiones racistas abiertamente expresadas en las escuelas y en los puestos de trabajo en contra de los migrantes de cualquier parte del planeta.

· La Comercialización de la salud del pueblo, en función de los intereses de los poderosos y etcétera y etcétera y etcétera….y todo por no escuchar esa vocecita que es “LA VOZ DE DIOS”

Deseándoles mucho coraje a las nuevas generaciones los abraza El Abuelo.

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