Bodas de Plata del Encuentro Matrimonial


Dentro del contexto de las celebraciones trascendentales en la familia, se atiende con especial alegría los cumpleaños de esos seres tan entrañablemente amados, que son los hijos y los nietos.

Así también los hijos celebran con grandiosidad y orgullo lo mucho y profundo, que significan los papás en la vida de ellos.

Pero también se celebran en la familia ocasiones muy especiales, como las quince primaveras de las hijas, por la importancia que reviste en sus vidas, ese paso de niña a mujer.

A los varones generalmente se les celebra la llegada a la mayoría de edad, que también es una fecha muy importante pues le pone frente a la vida y a sus luchas.

Así entre celebración y celebración los padres comparten sus vidas, con el día a día, que se convierte en semanas y meses y los años pasan de uno en uno, de cinco en cinco, por eso es que, así como en las sociedades se celebran con orgullo los hechos históricos de los pueblos a través de los años, así también en la familias se celebran con alegría y con orgullo las fechas memorables de las etapas de esfuerzos y luchas por las que hubo que transitar como pareja, para lograr el sueño de la unidad familiar. De ahí, que existe una escala de valoración en la vida de las parejas para celebrar esas fechas memorables que van desde el primer año de casados como “Las Bodas de Papel”, pasando por otras mas como “las Bodas de Madera” a los cinco años, las de “Cristal” a los 15, de “Plata” a los 25 y así hasta llegar a “Las Bodas de Oro” a los cincuenta años y sabemos de casos que han celebrado sus Bodas de Diamante al cumplir 75 años de casados.

La pregunta es: ¿a qué se debe tanto detalle previo, si el encabezado de este artículo es “Bodas de Plata del Encuentro Matrimonial”?

Buena pregunta. La respuesta es muy simple. Nosotros todos, conformamos una comunidad multicultural y como parte de esta integración aportamos como hispanos, experiencias, lengua, tradiciones, independientemente de todo aquello que como comunidad integrada logremos crear, descubrir y contribuir en este caminar.

Y que como ya se ha dicho en otras oportunidades, que a pesar de los esfuerzos previos de todos aquellos entusiastas hermanos hispanos que comenzaron a llegar en los años sesentas, cuyo proceso de integración era muy cuesta arriba, obligó a la comunidad migrante a fortalecerse más y luchar por conquistar espacios de aceptación dentro de la sociedad canadiense, especialmente a finales de los setentas y principios de los ochentas, hasta conformar en su momento una comunidad que se hace visible a través de La Misión Católica Hispana con el Padre colombiano, Eduardo Díaz, al frente y años más tarde apoyado por el padre Salvador Ahumada, de Guadalajara México.

Fue así, como allá por los años 88/89 en que preocupadas algunas familias, por el cuidado y futuro de los hijos, algunos ya adolecentes, y ante el miedo de encontrarnos en un medio ajeno, deciden convocar a algunas parejas para reunirse cada dos semanas, en forma alternada en las casas de cada familia, con la idea de leer la palabra de Dios, para iluminar y encontrar respuestas a nuestras ansiedades.

Debo mencionar que varias parejas ya habíamos vivido en Guatemala la experiencia de “El Movimiento Familiar Cristiano” y eso nos motivaba a soñar con la posibilidad de un momento similar acá.

Recuerdo con frescura la alegría de esos encuentros, con Don Alberto y Doña Silvia Ferrari, Digby y Guillermina Bentzen, Ángel y Norma Rosales, Alfonso y María Luisa Mayne, Aníbal y Luisa Ibarra, y María Teresa Gil y este servidor.

A estas reuniones siempre nos acompañaba el Padre Díaz, quien al final de cada reunión resumía las diferentes interpretaciones aportadas, proponiendo nuevos enfoques a los problemas cotidianos. Concluida la reunión con una oración final, nos dábamos un tiempo para socializar y reírnos un poco de nuestras penas.

Fue una noche en casa de la familia Mayne, cuando después de la reunión, la pareja Ferrari, -quienes apenas regresaban de un viaje a Guatemala- quisieron compartir con el grupo la emocionada alegría que traían de haber conocido allá acerca de la experiencia del “Encuentro Matrimonial” expresando todo su interés y voluntad para poder realizar esa experiencia acá en Vancouver.

El Padre Díaz estuvo atento al entusiasmo contagioso de los Ferrari y dijo: “Bueno tenemos que conocer más detalles” y después de compartir un café, nos despedimos mientras definíamos donde sería la próxima reunión.

Los días pasaron, no sabemos cuántos.

Cuando fuimos convocados por el Padre Díaz, para compartirnos, que gracias los buenos oficios de Doña Silvia y Don Alberto, con una pareja canadiense de apellido White, quienes eran responsables del Encuentro Matrimonial Canadiense y que por su medio, se había logrado la comunicación con El Encuentro Matrimonial Hispano en los Ángeles California y que por eso nos compartían ahora la buena noticia y la fecha para la realización del primer “Fin de Semana de El Encuentro Matrimonial” hispano en Vancouver.

Nos pidió mucha oración como preparación a esta maravillosa experiencia y para fortalecer a las parejas que a partir de ese momento serían invitadas.

Transcurrió un tiempo de preparación, mientras se acercaba la memorable fecha que nos habían confirmado para el tan esperado Fin de Semana, 16, 17 y 18 de noviembre de 1990, allá en las instalaciones de Rosemary Heights, ese fue el inicio de un largo caminar como movimiento apostólico, dentro de la Iglesia Católica.

Con el permiso en el recuerdo, quiero dejar constancia en estas memorias, de los nombres de las parejas que se animaron a dar aquel PRIMER PASO, y que después de un largo caminar hoy llega con humilde alegría a su BODAS DE PLATA, veinticinco años de tocar al corazón de las parejas, para descubrir cada día el hermoso regalo del AMOR DE DIOS en medio de la familia.

Nuestro abrazo para ellos y para todas las parejas que posteriormente se comprometieron a seguir compartiendo tan hermosa vivencia, que trascendió mas allá de las fronteras, a las comunidades de Pasco, Walawala, Everet, Mount Vernon, Lynnwood y Espocane en el Estado de Washington.

Muchas Bendiciones para:

Bentzen Digby y Guillermina,

Blanco Luis y Hazel,

Caldera Francisco y Lila María,

Calderón, Willy y Paty,

Cardoza Lucio y Marta,

Castellanos, Eduardo y Ana Patricia,

Coto, José y Ana Vilma,

Cruz, Natividad y Ana,

Dueñas, Ricardo y Marta,

Ferrari, Alberto y Silvia,

Garduño, Germán y Elizabeth,

George, Sabú y Luz Nelly,

Gil, Javier y María Teresa,

Gómez, Amílcar y Carmen,

Gómez, Joel y Marina,

Hermana, Pilar Berenguer,

Hermana, Pilar Espízua,

Ibarra, Aníbal y Luisa,

Interiano, Carlos e Irma,

Madsen, Jill y Violeta,

Mayne, Alfonso y María Luisa,

Mónches, Rafael y Aracely,

Morán, René y Carmen,

Ochoa, Sigfredo y Ana Elvia,

Ortéz, Carlos y Ma. Mercedes,

Padre, Eduardo Díaz,

Ramos, Tomás y Sandra,

Romero, Gustavo y Delmy,

Rosales, Ángel y Norma,

Ruhr, Roberto y Carmen,

Solano, Raúl y Mary y

Zamora, José y María Teresa.

Antes de finalizar deseo hacer llegar hasta Los Ángeles California, nuestra eterna gratitud al equipo que vino a plantar la gratificante semilla del Encuentro Matrimonial, Ramiro y Esperanza Muñoz,

Juan y Sanjuana Reyes y al

Padre Juan Massel.

Con el afecto de siempre los abraza el abuelo, deseándoles a todos, “ Feliz Navidad y Año Nuevo”

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