Volviendo Los Ojos a los Oriente

Octubre, conmemoración del descubrimiento de América. Colón y sus naves reclamando en nombre de la Corona española los territorios americanos e instaurando el idioma español que tú y yo hablamos, la religión católica y trayendo un arcón lleno de costumbres, modos de ver la vida y una vasta herencia cultural, tan grande que incluye costumbres musulmanas que hoy casi olvidamos.

1492, el año del descubrimiento, es un año crucial para la España que acaba de expulsar de sus territorios a los últimos árabes que convivieron con la población española por siete siglos. Siete. Primero con la llegada de grupos árabes del Califato Omeya, con cabecera en Damasco, Siria, en el 711 y subsecuentemente con la llegada de más y más grupos musulmanes (almorávides, almohades) que ocuparon el sur de España, al que llamaron Al-Andalus. “Jazirat al-Andalus”, la ínsula o la península del Atlántico.

Estos grupos musulmanes fueron invadiendo poco a poco territorios ibéricos hasta ocupar casi toda la Península, incluyendo Portugal y partes de Francia. Cuando llegaron, un grupo bárbaro, los visigodos, reinaba en aquella España medieval. Con los visigodos, mucho del esplendor pasado había quedado en el olvido y así los árabes fueron consolidando su poder en esa España que nos conquistó, hasta establecer el Califato de Córdoba.

Todas las lenguas habladas por entonces, incluyendo el castellano, adoptaron palabras del árabe andalusí y éstas después pasaron al español. Se calcula que hay 4,000 arabismos que todavía hoy usamos en el español moderno. Casi todas aquellas palabras que inician con la sílaba "al": almohada, algarabía, álgebra, almidón, albahaca; otras relacionadas con la agricultura: acequia, aljibe, algodón o con el comercio: arroba, azumbre. Lugares de España tienen también nombres de origen árabe: Alcázar, Alcántara, Aznar, Benalmadena, etc.

La llegada de los árabes a una España rural dio paso a formas de economía urbanas. Los mercados, casi inexistentes, resurgieron durante el periodo islámico, las artesanías de Málaqa (Málaga) y los tejidos o productos de metal se exportaban al resto de Europa, el norte de África e incluso hasta Oriente. Los árabes llevaron a España la caña de azúcar y las alcachofas, la fértil zona del Algarve comenzó a cultivar higos y uvas. La utilización de los ríos y su fuerza hidráulica, herencia musulmana, movieron telares y llevaron agua dulce hasta lugares distantes. Almería y Alicante comenzaron a explotar la sal y con ello la alimentación dio un vuelco en sus sabores.

Las comodidades también volvieron, con contraste con el austero estilo bárbaro visigodo: divanes, alfombras, almohadas y tapices en las paredes fueron pronto del gusto de invasores y locales y la música, la poesía y la danza acompañaban los banquetes de los más acaudalados. Los postres y las especias, venidas de Oriente comenzaron a refinar el gusto español y a combinarlo con ingredientes propios que crearon una nueva cocina que los barcos de Colón y todas las naves siguientes traerían a América en los siglos venideros. Finalmente todos estamos o estuvimos unidos en algún punto y desde ésa perspectiva atendemos al pasado para comprender el presente.

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