El Ataúd


Sus manos fuertes me agarraron y luego sentí como acariciaba mi piel.

Sentí también el hedor de su nariz y su caliente aliento. Sus filudos dientes penetraron en mi carne y “él” comenzó lentamente a deleitarse con mi sangre, con mis jugos mientras saciaba su hambre desgarrando mis entrañas. Muchas veces sus quejidos de deleite llegaron a mí en constante vibración.

No sé si sentí también, dolor o angustia, o placer, mientras era despojado de mi carne lentamente, con sus uñas con sus dientes. Tampoco supe cuanto tiempo le tomó comerme entero. Nunca supe la noción del tiempo. Para algunos es muy breve, para otros... ¡Demasiado! La verdad que todo es, extrañamente relativo a quién tú seas.

También la existencia es relativa.

Su lengua carnosa y caliente se paseó por mis huesos buscando como penetrar cada hendidura en ellos, haciéndose puntiaguda y ansiosa, buscando cada partícula de mi carne sin devorar, hasta que solo quedaban hilachas colgando de lo que fuese mi cuerpo.

Yo era joven y mi hueso era duro de roer. Esperé en vano, con placer contenido que alguno de sus dientes se quebrara en el intento.

-¡Pero no! -Ni sus dientes ni mis huesos aflojaron.

Fui enterrado bajo tierra en aquel hoyo no muy hondo, que aquel hombre hiciese con sus manos o con algo duro, que muchas veces llegó al interior de mi ser, con metálicas oscilaciones.

Luego vino el silencio absoluto. Traté de oír algún ruido o temblor o algo que me hiciera permanecer vivo, pero todo era silencio a mi alrededor.

El miedo comenzó a apoderarse de mí ser.

-Más no era el silencio de mi nueva morada, aquello que asustaba mi espíritu.

-¡Tampoco la soledad lograba amedrentarme!

-¿Qué entonces?

La oscuridad de aquel maldito agujero terminaría por matarme.

-¡La luz!

–¡Oh! Como hubiese querido en aquel instante, aunque fuese un solo rayo, pequeño o débil, que tocase mi piel.

¿Pero?

-¿Mi piel?

-Ya no estaba junto a mí. ¡No! ¡Nada quedaba de ella!

-¿Entonces de verdad estaba muerto? -¿Muerto para siempre?

El sueño comenzó a vencerme.

-¿Cuán bello es dormir?

- Es pasar a otra vida, es morir estando vivo y ser dueño de volar donde uno quiera. Ser el héroe o villano que desees. Los monstruos y pesadillas que te acucian mientras duermes, los puedes vencer con un toque de una rama y aunque ellos van ganando la batalla, tu despiertas y se acaban.

Pero mi sueño era esta vez más profundo que la nada.

-¿Tal vez dormiría para no despertar jamás?

Sentí alimañas roer lo que quedaba de mí, sin lograr su cometido. Sanguijuelas se arrastraron a mi lado y muchas lombrices quisieron penetrarme.

Sonreí cínicamente en mi interior.

-¡Que duro soy!

-¡Aún estoy vivo!

-¿O será esto la muerte?

He muerto lo sabía y por eso lo mejor era dormir.

El agua penetró por los resquicios y mojó mis más intimas fibras.

-¿Despertar?

¿Que extraña sensación?.

-¿Cuánto tiempo permanecí inerte?

-Ya lo dije, no sé del tiempo, no tiene medida ni cabida en mi existencia.

La tierra cada vez mas reseca y caliente me aplastaba con su peso.

La luz finalmente se abrió paso y me alumbró con sus destellos, junto al agua que penetró a raudales remeciendo mi corteza y penetrando por mis poros.

-¡Renacía mi potencia ante la vida! ¡Ante la muerte!

A mis padres nunca conocí solo sé que viví en el bosque junto a muchos de mi raza, tan fuertes y grandes como yo.

-¿Tal vez eran mis hermanos o tal vez eran mis hermanas?

-¿O mis hijos o mis hijas?

Lo cierto es que un día volvieron los humanos, armados esta vez hasta los dientes. Con sus máquinas de destrucción y muerte.

-¡Hay que cortar todos estos árboles!

Dijo uno de esos hombres.

Entonces y solo entonces lo supe.

-¡Yo era un árbol!

Caí en el monte junto a muchos otros.

¡Cortado de raíz! Sin embargo, rodé por la montaña para caer en las aguas bravas de aquel río.

Herido como estaba, las aguas me arrastraron brincando entre piedras y escarpados precipicios. Sin embargo, no sentí temor alguno, el agua era mi amiga y después de todo... -Yo ya había muerto antes.

-¿Tal vez en más de una ocasión?

-No recuerdo ¡No lo sé!

El viaje hasta el Mar fue muy largo. Inexorablemente las olas me volvieron a la tierra con su fuerza y su insistencia.

Me cogieron nuevamente. Me arponearon en alguna parte de mi cuerpo y me arrastraron junto a muchos de los míos, en la rivera de aquel río.

Finalmente me sacaron a la fuerza y comenzaron a cortar mi cuerpo, ingeniosa y lentamente, esta vez no me comieron, pero al final de muchos días me cortaron en muchas tablas unieron mis pedazos, ahora... más pequeños y livianos, con hirientes clavos que penetraban en mi carne, reseca por el Sol.

Un día me vistieron lujosamente y me adornaron con metales.

- Me pintaron todo de negro brillante y pulido.

- AL cabo de unos días pusieron dentro de mí a uno de ellos. A un hombre quien al parecer dormía pues sentí sus vibraciones débiles y quedas.

Al cabo de más días cavaron una inmensa fosa y allí me enterraron, con aquel ser dentro de mí.

-¡Increíble paradoja!

-¡Tu enemigo más temible hoy cobijas en un ataúd!

-¡Hecho de ti!

La oscuridad.

-¡Nuevamente la horrible oscuridad se cernió sobre mi cuerpo y esta vez no estaba solo!

El monstruo comenzó a hacerse blando y sus jugos pestilentes a correr por mis entrañas. De pronto no sentí más sus vibraciones.

-¿Tal vez también se fue a dormir escapando de su mundo de locura?

Roedores comenzaron a morder mi cuerpo cansado y dolorido. Pero no era para mi un gran castigo, al que buscaban no era a mí, después de todo.

Alimañas y gusanos penetraron por sus ojos y devoraron por completo a mi verdugo.

-¿Tal vez él si estaba muerto?

-¿Quizá prefiriese dormir también?

Un día o una noche -¿Tal vez, mucho tiempo después?-

-¡Yo no sé medir el tiempo! Las vibraciones cesaron para siempre y no hubo más pestilencia ni humores que saliesen del extraño y se impregnaran en mi cuerpo.

Era el tiempo de dormir una vez más.

FIN

¡Happy Halloween!

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